TEXITIANI:DESPERTAR

DESPERTAR de ese sueño de inconciencia que te ha mantenido atada a un infierno repetido, a un dolor y vacío sin fin.

DESPERTAR es descubrir tu esencia femenina, tu verdad más allá de la materia, más allá de los errores y caídas, de las infracciones de la vida.

DESPERTAR es descubrir que en cada partícula de tu ser fluye en ti la inteligencia divina.

Aprende a perdonar y perdonarte, abraza tu niño interior, voltea al cielo y descubre esa fuerza infinita que te envuelve y transforma con su mano extendida para decirte : DESPIERTA!!!

MISÓGINA YOO???

La misoginia ha sido considerada como un atraso cultural arraigado al concepto de superioridad masculina, según el cual el rol de la mujeres dedicarse exclusivamente al hogar ya la reproducción. Desafortunadamente, este tipo de actos entre las mujeres crecen día con día. De acuerdo al informe “Tendencias mundiales del empleo de las mujeres” emitido por la Organización Intemacional del Trabajo (OTI), el origen de la violencia en el ámbito laboral deriva de una combinación de causas relativas a las personas, al medio ambiente y a las condiciones de trabajo. ¿ODIO O COMPETENCIA? En un ambiente laboral, la rivalidad entre las mujeres puede darse en mayor o menor grado. Sin embargo, existe gran diferencia entre la competencia y la misoginia. La primera se da en condiciones de igualdad. Una busca superarar a otra pero a través de actos que no dañan la integridad física o mental de su competidora, además, existe un objetivo muy bien definido. En cambio, a la misóginia deja de importarle si ofende, lesiona, o humilla a su compañera. Hay un “juego sucio” en el que descalifica el trabajo de la otra únicamente por su género. Este tipo de conductas se presentan más entre jefas y subalternas o viceversa .
Si siendo mujer prefieres a un hombre como jefe o compañero de trabajo "porque los hombres sí saben mandar"; si crees que tu hijo debe comer más que tu hija "porque él necesita estar mejor alimentado para cumplir con sus obligaciones", o si asumes que en general las mujeres son más débiles que los hombres es probable que seas aliada de las actitudes misóginas.En estos casos no se trata sólo de envidia, celos o competencia, sino de franco odio hacia el mismo género, derivado de una sobrevaloración del "mundo masculino", coinciden especialistas.
El odio a las mujeres por parte de los hombres, quienes detentan el poder sobre lo femenino, es el más conocido socialmente, pero ese mismo odio permea a las mujeres.
"A las mujeres, ese poder del hombre se les ha transmitido como algo 'natural' y ellas han imitado estas actitudes", señala Guillermina Natera Rey, especialista en temas de familia y género de la Facultad de Psicología de la UNAM.
Por eso es común escuchar de boca de una mujer "¡vieja tenías que ser!" en medio de un percance vial o "¿qué le habrá dado al jefe?", cuando una colega asciende en el ámbito laboral.
"El aprendizaje de estas actitudes depende del sistema familiar al que se pertenezca; si en la familia no se tiende a hacer este tipo de diferencias, no habrá hombres ni mujeres misóginas, pero se prioriza al mundo masculino haciendo al lado y despreciando lo femenino, se educan tanto hombres como mujeres misóginas", explica Alejandra Buggs Lomelí, directora del Centro de Salud Mental y Género (Cenapsig).
"Tiende a ser una actitud totalmente inconsciente, porque se arraiga desde muy temprana edad, se aprende que el mundo masculino es el mejor", agrega.

De las más comunes
Entre las actitudes misóginas más comunes de las mujeres se encuentran "apoyar a los hombres frente a las mujeres en un puesto de trabajo, boicotear a las mujeres que tienen capacidades y hacerlas sentir culpables del fracaso de una vida en familia", comenta Natera Rey.
Incluso reforzar las ideas conservadoras que limitan la libertad de la mujer puede interpretarse como actitud misógina. Por ejemplo, aquellas que están convencidas que las mujeres no deben rechazar ser madres o que critican la falta de habilidad en la cocina o la limpieza en casa con frases como "es que no sabe ser mujer".
Referirse como "vieja", especialmente con un adjetivo calificativo antes o después, es una "actitud masculina misógina que adoptan varias mujeres a veces sin darse cuenta", agrega Buggs Lomelí.
Un indicio de que la educación en casa va en el sentido de la misoginia, es cuando los niños asumen como "parte de un juego" la frase "vieja el último", advierte la psicoterapeuta Gestalt.

Cambios saludables
El mismo proceso de aprendizaje de la misoginia se puede hacer en sentido inverso. Tras ubicar las actitudes misóginas que suele tener hacia otras mujeres, puede intentar actuar en otro sentido, haciendo examen de conciencia o bien con apoyo psicoterapéutico, sobre todo si sus actitudes le imponen dificultades para relacionarse con personas de su mismo género.
"Puede ser un trabajo paulatino y lento, se trata de sacar el chip que almacenó información dada en la infancia, donde las mujeres asumieron el 'no valgo' y los hombres 'las mujeres no valen', y cambiarlo por uno nuevo donde se revise el papel de la mujer, sus derechos, la igualdad y también el papel de la masculinidad", sugiere Buggs Lomelí.
Hacerlo vale la pena, consideran las especialistas, pues los efectos en la salud emocional tanto de quienes ejercen las actitudes misóginas como en quien es blanco de ellas, son devastadores.
"Quienes las reciben viven una especie de desesperanza, de mayor inseguridad, se autocritican en exceso y dejan de realizar actividades por miedo a la crítica, se sienten más observadas ante el ejercicio de una profesión, y tienen la presión de hacerlo mejor que el hombre", considera Natera Rey.
La pregunta clave para empezar el cambio es "¿me gustaría ser tratada como trato a las mujeres?".
"La respuesta hablará del grado de respeto que me tengo a mí misma",
 dice Buggs Lomelí.

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